Explicado a fondo
Se oxidan por los dos lados
Los escapes de esta zona tienen dos enemigos a la vez, y eso explica que duren menos que en un clima seco.
Por fuera, la humedad constante y el aire con sal. La chapa del escape está expuesta a todo lo que suelta la carretera y a un ambiente que favorece la corrosión durante buena parte del año.
Por dentro, y esto sorprende a mucha gente, el uso corto. Cuando un motor arranca, en el escape se condensa agua. Si el recorrido es largo, el tubo se calienta y esa agua se evapora. Si el recorrido son ocho kilómetros, el agua se queda ahí, mezclada con los ácidos de la combustión, y va atacando la chapa desde el interior.
Por eso los escapes empiezan a perforarse casi siempre por el silencioso, que es el punto más bajo donde el agua se acumula, y por eso un coche de uso exclusivamente urbano puede necesitar un silencioso a los diez años con pocos kilómetros.
Reparar por tramos, cuando se puede
Cuando llega un coche con el escape perforado, la pregunta es si ese tramo se salva. La respuesta depende del estado de la chapa alrededor del agujero.
Si el tubo está sano y la perforación es localizada, se limpia la zona y se suelda, y ese arreglo aguanta perfectamente. Entre 60 y 120 €, frente a lo que cuesta un tramo nuevo.
Si al limpiar se ve que la chapa está corroída en todo el perímetro, la soldadura no tiene dónde agarrarse y va a abrirse en poco tiempo. Ahí lo honesto es decir que hay que sustituir, y lo decimos después de mirarlo, no por norma.
El golpeteo casi nunca es el tubo
Hay un síntoma muy frecuente que se diagnostica mal: un golpe seco al pasar por un badén o al arrancar.
En la mayoría de los casos no hay nada roto en el escape. Lo que ha fallado es uno de los soportes de goma que lo sujetan a la carrocería. Esas gomas envejecen, se agrietan y se rompen, y entonces el tubo queda suelto y golpea.
Es la reparación más económica de esta zona del coche y se hace en una hora. Conviene no dejarla, porque un escape trabajando suelto acaba rompiéndose por las bridas o por una soldadura, y entonces la factura es otra.
Cuando la fuga afecta al motor
Una fuga de escape situada por delante de las sondas lambda tiene consecuencias que van más allá del ruido. Entra aire limpio en la línea, la sonda detecta más oxígeno del que realmente hay y la centralita enriquece la mezcla pensando que falta combustible.
El resultado es más consumo, un código de avería que parece de sonda y, si se prolonga, daño al catalizador. Es una de las razones por las que, cuando un coche llega con un código de mezcla, revisamos el escape como parte del diagnóstico en lugar de cambiar la sonda directamente.
Lo que mira la inspección
En la ITV se comprueba la estanqueidad de la línea completa, que esté bien sujeta y el nivel de ruido. Un escape perforado o suelto es rechazo.
Si vas a pasar inspección y notas más ruido del habitual, conviene mirarlo antes. Muchas veces es un soporte o una junta de brida, cosa de una hora, y te ahorra la segunda visita.
Y sobre escapes deportivos: solo montamos material homologado, con su marcado. Un escape sin homologar es rechazo seguro y además puede suponer sanción. Si buscas otro sonido, hay opciones legales y te decimos cuáles valen para tu coche.
Escríbenos al 644 529 084 y lo miramos en el elevador.