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Aquí los frenos trabajan más

El desgaste de un freno no depende tanto de los kilómetros como de cuántas veces y en qué condiciones se usa. Y en esta zona se usa mucho. El tráfico de la Margen Izquierda es de parar y arrancar, los barrios tienen rampas de verdad y bajar hacia la ría con el coche cargado obliga a frenar aunque no quieras.

Con ese uso es normal que unas pastillas duren la mitad de lo que promete el fabricante, que calcula pensando en un reparto de conducción bastante más suave. No es que el coche venga mal de fábrica ni que el recambio fuera malo: es el recorrido.

Medir, no estimar

En frenos no hacemos diagnósticos a ojo. Sacamos el calibre, medimos el espesor del disco y el material que le queda a la pastilla, y lo comparamos con el mínimo que marca el fabricante para ese modelo. Con eso te podemos decir algo útil: te quedan unos kilómetros, y esta revisión llega o no llega.

Esa información cambia la conversación. En lugar de aceptar un cambio porque alguien dijo que estaba justo, decides tú con el número delante. A veces la respuesta es cambiar ya, y a veces es esperar a la próxima revisión y ahorrarte el gasto ahora.

Lo que se revisa además de pastillas y discos

Un cambio de frenos hecho entero incluye tres cosas que muchas veces se saltan. Las guías de la pinza, que si están secas dejan la pastilla trabajando torcida y la comen por un lado. El pistón, que si no retrocede mantiene la pastilla rozando y calienta el disco de forma permanente. Y los tornillos de un solo uso, que los fabricantes marcan como tales por una razón.

Esas tres cosas explican la mayoría de los casos en los que unas pastillas nuevas duran cuatro meses. El recambio no era malo: estaba montado sobre una pinza que no liberaba.

El líquido es la parte que se olvida

Los discos y las pastillas se ven, el líquido no. Y es el componente que más directamente afecta a la frenada en el peor momento posible. El líquido absorbe humedad del ambiente con el paso del tiempo, y cuanta más humedad tiene, a menor temperatura hierve. Un líquido viejo puede aguantar perfectamente el día a día y fallarte precisamente en una bajada larga con el coche lleno, que es cuando el freno se calienta.

Se cambia cada dos años, cuesta entre 55 y 80 € y se hace en menos de una hora. Cuando hacemos una revisión te decimos de qué fecha es el último cambio si está registrado.

Frenos eléctricos y coches modernos

Cada vez más coches llevan el freno de estacionamiento accionado por motor eléctrico en las pinzas traseras. Eso no complica el mantenimiento, pero obliga a hacer dos pasos con la máquina de diagnosis: abrir el actuador antes de desmontar y recalibrarlo después de montar. Si se fuerza a mano, el motor se daña y el recambio es caro.

Si notas vibración, ruido o que el pedal no está como siempre, escríbenos al 644 529 084 y te damos cita pronto. En frenos no vale la pena esperar a la siguiente revisión.