Explicado a fondo

La pieza que se apaga sin avisar

Los amortiguadores no suelen romperse: se degradan. Pierden capacidad de frenar el movimiento del muelle poco a poco, durante miles de kilómetros, y el conductor se acostumbra al cambio sin darse cuenta. Es muy habitual que alguien cambie los cuatro y vuelva diciendo que el coche parece otro.

Ese es precisamente el problema: no hay un momento en el que se note el fallo. Y mientras tanto el coche frena peor, porque el amortiguador es lo que mantiene el neumático en contacto con el asfalto. Un neumático que rebota no transmite la frenada al suelo.

La prueba que puedes hacer tú

Hay una comprobación casera que funciona razonablemente bien. Empuja con fuerza hacia abajo una esquina del coche y suelta. Si la carrocería sube y se queda quieta, el amortiguador trabaja. Si rebota dos o tres veces antes de parar, está agotado.

La otra pista la dan los neumáticos. Cuando un amortiguador no controla el movimiento, la rueda da pequeños saltos y la goma se desgasta formando escalones a lo largo de la banda de rodadura. Si pasas la mano por el neumático y notas ese relieve irregular, no es un problema del neumático.

Y la tercera, la más evidente, es el aceite. Si el cuerpo del amortiguador está húmedo o con polvo pegado, ha perdido el aceite y ya no amortigua nada, aunque el coche siga pareciendo normal.

Aquí duran menos, y tiene explicación

Un amortiguador trabaja cada vez que la rueda sube o baja. En una carretera lisa eso pasa poco; en un recorrido urbano con badenes, juntas de dilatación, socavones y bordillos, pasa constantemente.

Si a eso se suma el desnivel, que en esta zona es permanente, el resultado es que unos amortiguadores que en un uso de autovía llegan a 150.000 km aquí pueden estar acabados a los 80.000. No es que el recambio sea malo: es que ha hecho mucho más trabajo en los mismos kilómetros.

Lo que se cambia con ellos

Un amortiguador trabaja dentro de un conjunto, y hay piezas que llegan al final de su vida al mismo tiempo. Los topes de suspensión, que son de caucho y absorben el final del recorrido, y que cuando se deshacen dejan que el amortiguador reciba golpes directos. Los guardapolvos, que protegen el vástago del agua y la arenilla, y que en una zona húmeda importan más de lo que parece. Y los silentblocks de los apoyos superiores, que cuando tienen holgura generan ruidos que se confunden con el amortiguador.

Revisamos todo eso en el elevador antes de presupuestar, porque montar amortiguadores nuevos sobre un tope deshecho es condenarlos a durar la mitad.

Por ejes, no de uno en uno

Se cambian siempre los dos del mismo eje. Dos amortiguadores con comportamiento distinto hacen que el coche reaccione de forma asimétrica al frenar, y eso se nota especialmente en mojado.

Si hay que repartir el gasto, lo normal es empezar por el eje delantero, que trabaja más y soporta el peso del motor, y dejar el trasero para la siguiente visita. Te lo decimos con claridad: qué está peor, qué se puede esperar y cuánto cuesta cada opción.

Para una revisión de suspensión con el coche en el elevador, pide cita al 644 529 084.