Explicado a fondo

Aquí se maniobra mucho

Una dirección se desgasta sobre todo en maniobras: volante a tope, coche casi parado, peso apoyado en la rueda. Y eso es exactamente lo que se hace en los garajes de esta zona, muchos de ellos estrechos y con rampa, y en cada aparcamiento en cuesta.

Por eso vemos con frecuencia desgastes que en un coche de carretera tardarían mucho más en aparecer: rótulas axiales con holgura, guardapolvos reventados y, en las direcciones hidráulicas, bombas que empiezan a sonar antes de lo esperable.

Lo primero es saber de qué tipo es tu dirección

Hay una diferencia fundamental que cambia todo el diagnóstico. Las direcciones hidráulicas usan una bomba movida por el motor y un circuito de líquido. Las eléctricas, que llevan prácticamente todos los coches de los últimos quince años, usan un motor eléctrico, un sensor de par y un módulo de control.

En las hidráulicas, una dirección dura apunta a nivel bajo por fuga, correa que patina o bomba gastada. Son averías mecánicas y visibles. En las eléctricas, el mismo síntoma apunta al módulo, al sensor de par o a un problema de alimentación, y eso solo se ve conectando la diagnosis.

Son dos mundos distintos, y confundirlos hace perder tiempo y dinero.

La geometría explica más casos de los que parece

Cuando alguien dice que el coche se va hacia un lado, lo primero que pensamos no es en una avería: pensamos en las cotas. Un bordillazo, un bache grande o simplemente el paso del tiempo desvía la convergencia, y el coche tira.

Medirlo cuesta 60 € y llevamos el informe de los valores antes y después, así que se ve qué estaba desviado y cuánto. En bastantes casos eso es toda la reparación. Y hay un efecto secundario importante: una geometría desviada se come un juego de neumáticos en unos pocos miles de kilómetros, desgastando un hombro y dejando el otro intacto. Ajustarla se paga sola.

Los guardapolvos: poco dinero, mucha consecuencia

Es uno de los detalles que más insistimos en revisar. Los guardapolvos de las rótulas axiales son fundas de caucho que protegen una articulación engrasada. Están a la intemperie, reciben agua, sal de invierno y arenilla, y se agrietan.

Cuando uno se rompe, la grasa sale y el agua entra. A partir de ahí la rótula tiene los días contados. Cambiar un guardapolvo es un trabajo menor; cambiar la rótula que se ha arruinado por su culpa cuesta varias veces más. En una zona húmeda como esta, mirarlos en cada revisión es simplemente sensato.

El juego en el volante y la inspección

En la ITV comprueban la holgura moviendo el volante con las ruedas apoyadas y observando cuándo empieza a moverse la rueda. Si hay demasiado recorrido en vacío, es rechazo.

El origen suele ser una rótula axial con holgura, a veces la propia cremallera. Si notas que tienes que girar un poco el volante antes de que el coche reaccione, conviene revisarlo antes de presentarte a inspección, porque la reparación habitual es asequible y el rechazo implica volver otro día.

Para una revisión de dirección y geometría, escríbenos al 644 529 084.