Explicado a fondo

Un coche de gas tiene dos mantenimientos

Quien conduce un coche de GLP o de GNC suele haberlo comprado por el ahorro en combustible, y el ahorro es real. Lo que a veces se pasa por alto es que la instalación de gas tiene su propio plan de mantenimiento, independiente del plan del coche.

Los filtros de gas, el reductor, los inyectores y la centralita del sistema son componentes que no aparecen en el libro del fabricante del vehículo, porque el equipo lo montó otra empresa. Su mantenimiento lo define el fabricante del equipo.

Cuando eso no se hace, el coche empieza a dar síntomas que el propietario atribuye al motor: tirones, pérdida de fuerza, paso automático a gasolina. Y casi siempre son filtros.

El síntoma más frecuente son los filtros

Un equipo de gas lleva normalmente dos filtros: uno en fase líquida, antes del reductor, y otro en fase gaseosa, después. Ambos se saturan con el uso, y el gas que circula por la red comercial arrastra más residuos de lo que la gente imagina.

Cuando se saturan, la presión que llega a los inyectores baja, la mezcla se empobrece y el coche da tirones, sobre todo en aceleración y a carga media. Si la centralita detecta que el problema persiste, cambia a gasolina para proteger el motor.

Cambiar los filtros es una intervención de coste moderado, entre noventa y ciento ochenta euros, y resuelve la gran mayoría de estas quejas.

El reductor y el frío

El reductor es la pieza que convierte el gas de líquido a gaseoso, y para hacerlo necesita calor, que toma del circuito de refrigerante del motor.

Eso tiene una consecuencia práctica que se nota especialmente en un clima como el de aquí: si el circuito de refrigerante del reductor tiene aire, está obstruido o el termostato del coche no funciona bien, el reductor no alcanza temperatura y el sistema tarda mucho en permitir el paso a gas, o no lo permite.

El síntoma es un coche que circula muchos kilómetros con gasolina antes de cambiar a gas, o que en invierno directamente no cambia. Antes de tocar el equipo de gas, conviene comprobar esa parte.

Las dos centralitas hablan entre ellas

Una instalación de gas funciona con su propia centralita, que lee lo que hace la de gasolina y adapta la inyección de gas en consecuencia. Por eso el diagnóstico tiene que leer las dos.

Lo interesante son las correcciones: si la centralita de gasolina está aplicando correcciones grandes mientras el coche va con gas, hay algo descompensado. Eso apunta a inyectores de gas con caudal irregular, a una fuga de admisión o a un sensor que mide mal.

Ese cruce de datos es lo que distingue una revisión seria de una comprobación superficial.

Bujías y válvulas

Dos puntos de atención específicos en coches de gas, y conviene conocerlos.

Las bujías trabajan en condiciones algo distintas y, según el motor y el equipo, puede ser recomendable acortar el intervalo de cambio o usar una referencia concreta.

Y las válvulas: la combustión del gas es más seca que la de la gasolina, lo que en algunos motores concretos aumenta el desgaste de los asientos de válvula. Por eso existen los lubricadores de válvulas, que inyectan una cantidad mínima de aditivo. Si tu coche lo tiene, hay que rellenarlo; si no lo tiene y el motor es de los sensibles, merece la pena comentarlo.

El depósito tiene fecha

Los depósitos de gas llevan marcada una fecha y tienen una vida útil limitada, sujeta a la normativa aplicable y a lo que indique el fabricante. Es algo que se comprueba en la inspección técnica.

Cuando revisamos una instalación te decimos qué fecha lleva el tuyo, para que lo tengas previsto con tiempo y no te sorprenda en la ITV.

Y una nota de seguridad: si alguna vez notas olor a gas, para en un sitio ventilado y no lo dejes para otro día. Llámanos al 644 529 084 y lo vemos en cuanto puedas traerlo.