Explicado a fondo
Aquí la luz importa más meses al año
En una zona con muchos días de lluvia y cielos cerrados, la iluminación del coche trabaja bastante más que en un clima seco. Se conduce con luces encendidas a media tarde, con el asfalto mojado reflejando y con visibilidad reducida.
Eso convierte un detalle que parece menor, el estado real de los faros, en algo que se nota en cada viaje. Y hay dos problemas muy extendidos que la mayoría de los conductores no identifica porque el deterioro es gradual: el reglaje desviado y la óptica opaca.
El reglaje, lo más barato que mejora la conducción
Un faro tiene que proyectar la luz a una altura e inclinación concretas. Si está demasiado bajo, no ves a distancia. Si está demasiado alto, deslumbras a quien viene de frente y además iluminas menos asfalto, porque buena parte de la luz se pierde en el aire.
El reglaje se desvía con el tiempo, con los baches, después de un golpe y, muy a menudo, después de cambiar una lámpara sin comprobarlo.
Se ajusta con un regloscopio, que es el equipo que mide el haz con precisión, en veinte minutos y por 25 €. Es probablemente la intervención con mejor relación entre coste y mejora percibida de todo el coche, y casi nadie la pide.
Ópticas amarilleadas: pierdes luz sin darte cuenta
Los faros actuales son de policarbonato con una capa protectora. Con los años, el sol degrada esa capa y el plástico se vuelve mate y amarillento, con microrrayas. La pérdida de luz útil es importante, y como ocurre poco a poco, el conductor se acostumbra.
La prueba es fácil: cuando se pule un faro y se compara con el otro todavía sin pulir, la diferencia es muy evidente.
El pulido consiste en lijar progresivamente hasta eliminar la capa degradada y devolver transparencia al plástico, y después sellar con un barniz con filtro ultravioleta. Ese último paso es el que marca la diferencia entre un trabajo que dura años y uno que vuelve a amarillear en unos meses. Entre 70 y 120 € los dos faros, frente a varios cientos por sustituirlos.
Humedad dentro del faro
Es un problema típico en zonas húmedas y tiene consecuencias que van más allá del aspecto. Un faro con condensación permanente funde lámparas con frecuencia, oxida los portalámparas y los contactos, y en faros con módulos electrónicos puede dañarlos.
Las vías de entrada habituales son el tapón de goma de la parte trasera mal colocado después de un cambio de lámpara, los respiraderos obstruidos por suciedad y alguna fisura en la carcasa, a veces consecuencia de un golpe antiguo.
Lo que hacemos es localizar la entrada y sellarla. En bastantes casos la solución es simplemente recolocar bien los tapones, que es lo que pasa cuando alguien cambió una lámpara con prisa.
Sobre montar led en faros de halógena
Es una pregunta constante y la respuesta tiene una parte técnica que merece explicarse. Un faro está diseñado alrededor de la posición exacta del filamento de su lámpara: el reflector y la lente dirigen la luz suponiendo que sale de ese punto.
Una lámpara led coloca la fuente de luz en una posición distinta y con otra forma de emisión. El resultado es que el haz se descontrola: hay mucha luz dispersa que deslumbra y menos luz concentrada donde hace falta. Con faros sin homologar para led, es frecuente ver menos de noche aunque todo parezca más blanco.
Además no es legal y es motivo de rechazo en inspección. Si lo que buscas es ver mejor, hay lámparas halógenas de mayor rendimiento homologadas, y el pulido de ópticas suele aportar más de lo que la gente espera. Te decimos qué opciones existen para tu coche.
Antes de la inspección
Las luces son el primer motivo de rechazo en ITV. Por eso, en la revisión pre-ITV empezamos siempre por ahí: se comprueban todas las posiciones, se mide el reglaje y se valora si alguna óptica está tan opaca que puede dar problema.
Es la parte más barata del coche y la que más veces obliga a volver a la estación.
Para una revisión de alumbrado o un reglaje, pásate o escríbenos al 644 529 084.