Explicado a fondo

El agua es el primer sospechoso

En un taller de esta zona, las averías eléctricas tienen un patrón que se repite: aparecen en temporada de lluvia y desaparecen cuando el coche se seca. Eso no es casualidad ni mala suerte, es humedad entrando donde no debería.

Las vías de entrada son siempre las mismas. Pasos de cables entre el motor y el habitáculo con la goma envejecida. Desagües obstruidos por hojas, que hacen que se acumule agua en una bandeja donde hay conectores. Juntas de puerta o de portón que han perdido elasticidad. Y en coches con años, la zona de la rueda de repuesto, donde se acumula agua sin que nadie lo vea.

El agua crea caminos de conducción entre contactos que deberían estar aislados, y los síntomas son extrañísimos: luces que se encienden solas, avisos que aparecen y se van, ventanillas que dejan de responder un día y funcionan al siguiente.

Para encontrarlo hay que buscar con el coche mojado. Si tu avería es de este tipo, merece la pena traerlo justo después de un día de lluvia en lugar de esperar a que haga sol.

Buscar con esquema, no por tanteo

Una avería eléctrica se resuelve de dos formas. Una es cambiar componentes hasta que el fallo desaparezca, y puede salir muy caro sin garantía de acertar. La otra es seguir el circuito con el esquema del fabricante, midiendo tensión y continuidad tramo a tramo hasta localizar exactamente dónde se pierde la señal.

Nosotros trabajamos de la segunda manera. Lleva tiempo y el tiempo se cobra, pero encuentra la avería y la repara de verdad. Y cuando el fallo es intermitente te lo decimos desde el principio, porque en esos casos no se puede prometer una hora concreta: hay que reproducir las condiciones.

Los consumos con el coche cerrado

Es la consulta más frecuente dentro de este apartado. El coche funciona bien pero si pasa dos o tres días sin usarse, aparece sin arranque.

Eso significa que hay un circuito que no se duerme. Con el coche cerrado y las centralitas ya en reposo, el consumo debería quedarse en unas décimas de amperio. Se mide con pinza amperimétrica y después se van aislando fusibles y conectores hasta encontrar el circuito responsable.

Los culpables habituales, por orden de frecuencia: accesorios montados después del coche, módulos de puerta o de portón con humedad, relés que se quedan pegados y alguna centralita con avería interna. Normalmente se localiza entre dos y cuatro horas, y se arregla de forma definitiva.

Masas y conectores, antes que nada

Hay una regla que se cumple bastante: antes de sospechar de una centralita, hay que comprobar sus masas. Un punto de masa con corrosión añade resistencia al circuito, y eso provoca comportamientos que parecen electrónicos pero son puramente mecánicos.

En un ambiente húmedo y con aire salino, los puntos de masa atornillados a la carrocería son el primer sitio donde mirar. Limpiarlos y protegerlos cuesta muy poco y resuelve muchas averías que llevaban meses dando guerra.

Lo mismo con los conectores: un pin con verdín o un terminal flojo dan fallos intermitentes imposibles de entender desde la lectura de códigos.

Reparaciones que duran

Una reparación eléctrica hecha con prisa vuelve el invierno siguiente. Los empalmes se sueldan y se protegen con funda termorretráctil, no se hacen con regletas escondidas detrás de una moldura. El cable que se añade tiene la sección correcta. Y los pasos se sellan.

En una zona donde la humedad trabaja todo el año, esa diferencia es la que separa arreglarlo de aplazarlo.

Si tienes un fallo eléctrico que nadie ha conseguido localizar, cuéntanoslo al 644 529 084 con el máximo detalle: cuándo aparece, con qué tiempo y qué has cambiado ya. Eso acorta mucho la búsqueda.