Explicado a fondo

La avería que se paga dos veces

Hay una secuencia que vemos varias veces al mes. Un coche se queda sin arrancar, alguien cambia la batería, y a las pocas semanas vuelve a quedarse. La batería nueva no tenía ningún problema: lo que no funcionaba era la carga.

Un alternador que rinde por debajo de lo que debe no da un síntoma claro al principio. El coche arranca, las luces funcionan, todo parece normal. Lo que ocurre es que la batería nunca se recupera del todo de cada arranque, y va trabajando siempre a media carga hasta que un día de frío ya no puede más.

Por eso, cuando un coche llega porque no arranca, medimos las dos cosas. La prueba completa cuesta 25 € y evita cambiar una pieza que estaba bien.

Medir con el coche trabajando de verdad

La comprobación que importa no es la del multímetro en el borne al ralentí. Un alternador puede dar la cifra correcta sin carga y quedarse corto en cuanto se le pide.

Lo que hacemos es medir la tensión en tres situaciones: al ralentí, a medio régimen y con todos los consumidores encendidos, es decir luces, ventilador al máximo, climatizador, luneta térmica. Es la situación real de una mañana de invierno con lluvia, que aquí es bastante habitual. Si en esas condiciones la tensión cae, el alternador no da lo que el coche necesita, aunque en vacío pareciera correcto.

El rizado: la avería invisible

Un alternador genera corriente alterna y la rectifica a continua mediante un puente de diodos. Si uno de esos diodos falla, el valor medio de tensión sigue siendo correcto, así que el multímetro no ve nada raro. Pero la corriente sale con una oscilación importante.

Esa corriente sucia tiene dos efectos. Maltrata la batería, que se degrada mucho antes de lo normal. Y provoca fallos electrónicos sin sentido aparente: avisos que se encienden y se apagan, pantallas que se reinician, centralitas que guardan códigos de tensión.

Se ve con osciloscopio en un minuto, y es una de esas comprobaciones que resuelve averías que llevaban meses sin explicación.

Muchas veces no hace falta el alternador entero

Un alternador tiene tres puntos de fallo habituales, y solo uno obliga a cambiarlo todo.

El regulador, que es la pieza que controla la tensión de salida, se sustituye por separado en la mayoría de los modelos y cuesta una fracción del conjunto.

La polea de rueda libre, que permite al rotor girar libremente en las deceleraciones, se agarra con el tiempo y da chirridos que se confunden con la correa. También se cambia suelta.

Y los rodamientos o los diodos, que ahí sí implican sustituir o reconstruir el alternador.

Medir antes de presupuestar es lo que permite ofrecer la opción de 90 € en lugar de la de 400 € cuando procede.

La correa, sospechosa habitual

Antes de condenar un alternador revisamos la correa auxiliar y su tensor. Una correa que patina hace que el alternador gire menos de lo que debería, y el síntoma es idéntico: luces que bajan al ralentí y batería que no se recupera.

Es una comprobación rápida y ha salvado más de un alternador.

Si tienes el testigo de batería encendido, no te alejes mucho: sin carga, el coche funciona solo con lo que queda en la batería, y eso son unos kilómetros. Llámanos al 644 529 084 y te decimos si conviene moverlo o si vamos a buscarlo.