Explicado a fondo

Un fluido que casi nunca se toca

La dirección hidráulica funciona con un circuito cerrado de líquido a presión, movido por una bomba que arrastra la correa auxiliar. Es un sistema sencillo y muy fiable, y precisamente por eso se olvida.

La mayoría de los planes de mantenimiento no incluyen cambiar ese líquido, así que es habitual encontrar coches con doscientos mil kilómetros y el fluido original dentro, oscuro y con olor a quemado.

El problema no es que el líquido deje de transmitir presión. Es que arrastra las partículas metálicas del desgaste normal de la bomba y de la cremallera, y esas partículas actúan como un abrasivo que acelera ese mismo desgaste. Un cambio de sesenta a ciento veinte euros protege piezas que cuestan varios cientos.

Si el nivel baja, hay fuga

Igual que en el circuito de refrigeración, este es un sistema cerrado: el líquido no se consume. Si el nivel del depósito baja, está saliendo por algún sitio.

Los puntos habituales son tres. Los latiguillos, sobre todo el de alta presión, que trabaja con bastante carga y se deteriora con los años. Los retenes de la cremallera, que cuando fallan dejan una mancha en los fuelles de los extremos. Y los retenes de la bomba.

Rellenar sin buscar la fuga solo aplaza el problema, y hay un efecto secundario peor: cuando el nivel baja, la bomba aspira aire, y una bomba trabajando con aire se desgasta rápido.

El ruido es el aviso que hay que atender

El síntoma más común y más útil de este sistema es un ruido al girar el volante, especialmente a tope y con el coche casi parado. Suena como un gemido que sube con el esfuerzo.

Ese ruido significa que la bomba no está trabajando con un caudal limpio de líquido: o falta nivel, o hay aire, o el fluido está demasiado degradado.

En ese momento la reparación suele ser barata: localizar la fuga, cambiar un latiguillo y renovar el fluido. Si se deja meses, la bomba se desgasta internamente y entonces hay que cambiarla, entre doscientos cincuenta y quinientos cincuenta euros.

Es una de las averías donde la diferencia entre atender pronto y esperar se nota más claramente en la factura.

Cada coche con su fluido

Aquí hay un error que cuesta dinero y se comete con frecuencia porque parece inofensivo.

No todos los coches usan el mismo líquido de dirección. Algunos llevan un aceite mineral específico, otros usan fluido de transmisión automática, y hay especificaciones particulares de ciertos fabricantes.

No son compatibles. Mezclarlos provoca que los retenes del circuito se hinchen o se endurezcan, y el resultado son fugas donde antes no había ninguna. Es una avería causada por un relleno bienintencionado.

Por eso comprobamos por modelo cuál le corresponde antes de añadir nada, y lo anotamos en la factura.

Aquí se maniobra mucho

Merece la pena mencionarlo porque afecta al desgaste. La bomba de dirección trabaja mucho más cuando el volante está girado a tope con el coche parado o casi parado.

En una zona con garajes estrechos, rampas y aparcamientos apretados, esa situación se repite varias veces al día. No es algo que se pueda evitar, pero sí explica por qué las bombas y las cremalleras de los coches de uso urbano llegan antes al final de su vida que las de un coche de carretera.

Hay una costumbre que ayuda: evitar mantener el volante a tope apoyado durante varios segundos. En esa posición la bomba trabaja contra la válvula de alivio, generando presión y calor sin mover nada.

Si tu dirección es eléctrica

Una aclaración para evitar búsquedas innecesarias: las direcciones con asistencia eléctrica, que llevan prácticamente todos los coches de los últimos quince años, no tienen circuito hidráulico ni líquido.

Si tu dirección se ha puesto dura y el coche es relativamente reciente, no hay nada que rellenar. El diagnóstico es electrónico y se hace con la máquina.

Para comprobar el estado del líquido o localizar una fuga, escríbenos al 644 529 084.