Explicado a fondo

La pieza donde se cruzan dos circuitos

Un motor tiene dos circuitos de fluido que nunca deben tocarse: el de aceite y el de refrigerante. Hay un punto en el que se acercan a propósito, el enfriador de aceite, que es un intercambiador de calor donde el refrigerante absorbe temperatura del aceite sin mezclarse con él.

En la mayoría de los coches actuales ese intercambiador va integrado en el módulo del soporte del filtro de aceite, lo que tiene una ventaja de diseño y una consecuencia práctica: cuando falla, hay que desmontar ese módulo completo.

Y cuando falla, la avería es característica: los dos fluidos se comunican.

El síntoma que se ve a simple vista

Hay dos imágenes que no dejan dudas y que cualquier conductor puede reconocer.

Si el vaso de expansión del refrigerante tiene una película grasienta flotando o el líquido ha perdido su transparencia con aspecto aceitoso, el aceite está entrando en el circuito de refrigeración.

Si al sacar la varilla el aceite tiene aspecto de mayonesa, de color claro y textura emulsionada, el refrigerante está entrando en el aceite. Esta segunda situación es la más urgente.

Por qué el aceite emulsionado corre prisa

Un aceite mezclado con refrigerante pierde buena parte de su capacidad de lubricar. Y la pieza que antes lo nota es el turbo, que gira a más de cien mil revoluciones por minuto apoyado en una película de aceite muy fina.

Después vienen los cojinetes del cigüeñal, que es un daño mucho mayor.

Por eso, cuando alguien nos describe ese aspecto del aceite, le decimos que no siga circulando para ver si mejora. No mejora, y cada kilómetro añade daño.

Distinguirlo de la junta de culata

Es la parte más importante del diagnóstico, porque las dos averías mezclan aceite y refrigerante y tienen presupuestos muy distintos.

La junta de culata, además de mezclar fluidos, permite el paso de gases de combustión al circuito de refrigeración. Eso produce señales reconocibles: presión en el vaso de expansión con el motor en marcha, el vaso burbujeando, humo blanco abundante con olor dulce y, en la prueba específica, gases detectables en el refrigerante.

El enfriador, en cambio, comunica los dos fluidos pero no introduce gases de combustión.

Con una prueba de gases y una prueba de presión del circuito, la distinción se hace con bastante fiabilidad. Y merece la pena hacerla antes de aceptar cualquier presupuesto, porque la diferencia entre las dos reparaciones es muy grande.

Cambiar la pieza no es suficiente

Esto es lo que más insistimos en explicar en esta avería. El daño no se queda en el enfriador.

Si el refrigerante ha estado entrando en el aceite, ha circulado por toda la lubricación: cojinetes, bomba de aceite, turbo. Quedan restos y quedan depósitos.

Si el aceite ha estado entrando en el refrigerante, ha atacado las juntas de goma de todo el circuito, que no están hechas para resistir aceite, y ha dejado una película en el interior del radiador que reduce su capacidad de intercambio.

Por eso el trabajo incluye limpiar los circuitos contaminados y renovar los dos fluidos. No es un extra que añadimos a la factura: es la diferencia entre reparar la avería y aplazarla.

Obstrucción sin fuga

Existe un caso menos dramático que también se da. El intercambiador puede obstruirse por el lado del refrigerante, sin ninguna mezcla de fluidos, y entonces simplemente deja de enfriar el aceite.

El síntoma es una temperatura de aceite más alta de lo normal, que se nota en coches con indicador específico y, en general, en uso exigente: subidas largas, coche cargado, arrastre. Se detecta comparando temperaturas y se resuelve limpiando o sustituyendo el intercambiador.

Si has visto algo raro en el refrigerante o en el aceite, escríbenos al 644 529 084 y lo comprobamos antes de que avance.