Explicado a fondo
La mancha no dice de dónde viene
Es la trampa de este tipo de averías. Cuando el coche está en marcha, el aire que pasa por debajo arrastra el aceite hacia atrás, así que la gota cae bastante lejos del punto donde empezó. Mirar la mancha y decidir es, en el mejor de los casos, una apuesta.
Por eso no diagnosticamos fugas a ojo. Se desengrasa toda la zona, se añade un trazador fluorescente al aceite y se hace rodar el coche unos kilómetros. Después, con luz ultravioleta, el recorrido completo de la fuga se ve iluminado y se llega al punto exacto de salida.
Cuesta 60 € y evita algo mucho más caro: desmontar por sospecha. La diferencia entre cambiar una junta de tapa y sacar la caja de cambios para llegar a un retén es de cientos de euros, y acertar a la primera vale lo que cuesta la prueba.
La causa de fondo que muchos se saltan
Hay un patrón que explica la mayoría de los casos en los que alguien cambia un retén y la fuga vuelve al poco tiempo.
El motor genera gases en el cárter que tienen que salir por un respiradero y volver a la admisión. Si ese respiradero se obstruye, y se obstruye con facilidad en motores con muchos kilómetros y uso urbano, el cárter acumula presión. Esa presión busca salida por donde puede, y lo que encuentra es el retén o la junta más débil.
Así que se cambia el retén, la presión sigue ahí, y el retén nuevo acaba cediendo igual. Por eso la comprobación del respiradero forma parte del diagnóstico, no es un añadido opcional. Muchas veces esa es la reparación real y cuesta bastante menos de lo que el cliente esperaba.
Qué fuga corre prisa y cuál no
No todas las pérdidas de aceite tienen la misma urgencia, y preferimos decirlo con claridad.
Una sudoración leve en una tapa, que deja la zona húmeda pero no gotea, se puede vigilar. Lo anotamos y lo revisamos en la siguiente visita.
Una fuga que cae sobre el escape o sobre el turbo hay que arreglarla. El aceite sobre una pieza que trabaja al rojo humea, huele y, en cantidad suficiente, puede llegar a inflamarse. Es la única situación en la que no aconsejamos esperar.
Y una fuga que obliga a rellenar entre cambios también hay que atenderla, porque el riesgo no es la mancha, es que el nivel baje sin que nadie se dé cuenta y el motor trabaje con menos aceite del que necesita.
Fuga no es lo mismo que consumo
Conviene separar dos cosas que la gente mezcla. Una fuga es aceite que sale del motor y termina en el suelo. El consumo es aceite que entra en la cámara de combustión y se quema.
En el consumo no hay manchas: lo que hay es humo azulado por el escape, bujías con aspecto aceitoso en el caso de la gasolina y un nivel que baja sin que aparezca nada debajo del coche. Las causas son otras, normalmente segmentos, guías de válvula o el retén del turbo, y el diagnóstico es distinto.
Si tu nivel baja y no ves manchas, esa es la dirección en la que hay que mirar, y también lo comprobamos.
Aditivos selladores
Nos preguntan por ellos a menudo. Los productos que prometen sellar fugas actúan hinchando el material de los retenes, y en el mejor de los casos reducen la pérdida durante unas semanas.
El problema es que actúan sobre todos los retenes del motor, incluidos los que estaban perfectos. Preferimos no usarlos. Si el presupuesto de la reparación no encaja en este momento, lo que hacemos es decirte cuál de las fugas es la que importa y cuál se puede dejar, y vigilar el nivel con más frecuencia hasta que puedas afrontarlo.
Para localizar una fuga, pide cita al 644 529 084 y trae el coche sin lavar por debajo: nos ayuda a ver el recorrido.