Explicado a fondo
Un sensor que no impide arrancar pero lo complica
El sensor de árbol de levas informa a la centralita de en qué fase está el ciclo del motor, es decir, de qué cilindro toca en cada momento. Es un dato distinto del que aporta el sensor de cigüeñal, que mide posición y velocidad de giro.
La diferencia práctica es importante. Sin señal de cigüeñal, el motor no funciona. Sin señal de levas, la mayoría de los motores actuales siguen funcionando, porque la centralita puede deducir la fase probando en las primeras vueltas. Eso explica el síntoma más característico: el arranque se alarga, el motor gira varios segundos antes de prender y, una vez en marcha, va con menos fuerza y gasta algo más.
El código de correlación, con cuidado
Aquí está la parte donde más dinero se puede perder. Existe un código muy habitual que indica que la posición del árbol de levas no se corresponde con la del cigüeñal. Mucha gente lo traduce directamente como sensor averiado.
Tres causas distintas producen ese código:
El sensor, que lee mal o da una señal desplazada.
La distribución, que ha saltado un diente o cuya cadena se ha estirado. Es la causa grave y la que no conviene ignorar, porque una cadena estirada puede acabar saltando del todo.
El actuador de distribución variable, que es un mecanismo que varía la posición del árbol de levas según el régimen y que se atasca con carbonilla. Muy relacionado con el uso urbano y los cambios de aceite espaciados.
Las tres se distinguen leyendo los valores de fase con la diagnosis y comprobando el calado. Y tienen precios muy diferentes, así que confirmar cuál es antes de comprar piezas es exactamente lo que aporta el diagnóstico.
Si el aviso apareció después de una distribución
Es un caso frecuente y tiene una explicación concreta. Cuando se cambia una correa o una cadena de distribución y el calado queda un diente desplazado, el motor arranca y funciona, pero la centralita detecta el desfase y guarda el código.
El coche no se rompe, pero pierde potencia y sube el consumo, y el aviso no se va por más que se borre. La solución es recalar, no cambiar el sensor.
Por eso, cuando nosotros hacemos una distribución, comprobamos la correlación con la diagnosis antes de entregar el coche. Y cuando llega un coche con este aviso recién salido de otro taller, es lo primero que miramos.
Motores con distribución variable
En los motores con fase variable, que son la mayoría de los de gasolina de los últimos veinte años y muchos diésel, el sistema mueve activamente el árbol de levas mediante un actuador hidráulico controlado por una electroválvula.
Ese conjunto trabaja con el aceite del motor, así que depende directamente de la limpieza del aceite y de la frecuencia de los cambios. Con aceite degradado o con carbonilla, la electroválvula se atasca y el actuador no se mueve donde debería. El resultado es ralentí inestable, pérdida de respuesta y, otra vez, un código de correlación.
Es una de las razones por las que insistimos tanto en los intervalos de aceite cortos en coches de uso urbano: este sistema es uno de los primeros que lo nota.
Qué te decimos al traer el coche
Con el diagnóstico hecho, la conversación es clara. Si es el sensor, entre noventa y doscientos veinte euros y se resuelve en una mañana. Si es el actuador o la electroválvula, te damos el precio y la recomendación sobre el aceite. Y si es la distribución, te explicamos exactamente qué hemos medido y por qué, porque esa es una factura mayor y tienes derecho a ver el dato.
Escríbenos el código y el modelo al 644 529 084 y te orientamos antes de venir.