Explicado a fondo
El fallo que nunca aparece en el taller
Hay un tipo de avería que agota la paciencia de cualquiera. El coche funciona perfectamente, y un día, sin ningún aviso, se cala en marcha. Arranca al cabo de quince o veinte minutos y vuelve a ir bien durante días. Cuando se lleva al taller, no pasa nada y no hay códigos claros.
Ese patrón apunta casi siempre al sensor de cigüeñal. Es la pieza que le dice a la centralita en qué posición está el motor y a qué velocidad gira; sin esa información, el sistema no puede decidir cuándo inyectar ni cuándo encender, así que corta y el motor se para.
La clave es que estos sensores suelen fallar por temperatura. En frío su señal es correcta. Cuando el motor se calienta y el sensor alcanza su temperatura de trabajo, el componente interno se degrada lo justo para que la señal se corte un instante.
Diagnosticarlo exige provocarlo
Por eso no tiene sentido probar el coche en frío y dar el visto bueno. Lo que hacemos es dejar el motor trabajando hasta que alcance la temperatura en la que el cliente dice que falla, con el osciloscopio conectado grabando la señal.
En la traza se ve perfectamente lo que un lector de códigos no puede mostrar: un corte de milisegundos, una señal que pierde amplitud al calentarse, un patrón irregular. Eso confirma el diagnóstico con pruebas en lugar de con probabilidades.
Si el fallo tarda en aparecer, te lo decimos desde el principio y acordamos cuánto tiempo dedicamos, porque no queremos cobrar horas de espera sin resultado.
Las dos causas que se confunden con el sensor
Antes de dar por buena la sustitución, hay que descartar dos cosas que producen idénticos síntomas.
La corona dentada que el sensor lee. Si tiene un diente dañado, o si está cubierta de partículas metálicas, la señal sale irregular aunque el sensor esté perfecto. Se ve en la traza como una anomalía que se repite siempre en el mismo punto del giro.
Y el cableado. Estos sensores llevan cable apantallado precisamente porque están rodeados de interferencia eléctrica. Si el apantallamiento está roto o la malla ha perdido su masa, el ruido del propio sistema de encendido ensucia la señal. Es una reparación de cable, no de sensor, y con cambiar el sensor no se arregla.
Aquí no conviene ahorrar en el recambio
El sensor de cigüeñal trabaja con un entrehierro de pocas décimas de milímetro respecto a la corona. Esa distancia determina la amplitud de la señal.
Un sensor genérico con cotas ligeramente distintas puede dar una señal válida en frío y insuficiente en caliente, que es exactamente el problema que se quería resolver. Hemos visto coches con tres sensores montados en un año por esa razón.
Montamos el fabricante de origen, que en estos sensores normalmente es Bosch, Hella o el que equipa el motor de serie.
Sobre seguir conduciendo
Se puede, pero con una advertencia que conviene tomarse en serio. Un coche que se cala en marcha pierde asistencia de dirección y de freno en ese momento. En una cuesta, en una rotonda o incorporándose a una vía rápida, eso es una situación mala.
No es una reparación para posponer semanas. Si tu coche ya se ha calado dos veces, conviene resolverlo pronto.
Si te ha pasado, dinos en qué condiciones exactamente: en caliente o en frío, a qué velocidad y si arranca después. Con eso, al 644 529 084, ya tenemos medio diagnóstico hecho.